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lunes, 2 de mayo de 2016

Borradores

Estos pequeños relatos suceden en algún punto entra “Los Mundos Cambiantes” y “Comesueños”. Por lo tanto, pueden contener spoilers de la primera novela. 


Niukh cerró el libro que había estado leyendo y siguió con la mirada a Deret, que salió fuera de la casa. El viejo se levantó y se acercó a la mesa donde Deret había estado garabateando algo. En la papelera había un par de folios arrugados. Con curiosidad, Niukh los recogió,  los aplanó y leyó su contenido. “Esta es la historia de una traición”. Deret había tachado con violencia la frase. En el otro folio volvía a comenzar. “Esta es mi historia”. De nuevo un tachón, ahora de forma más suave.

Niukh sonrió. Quizá no hubiese aprendido como abordar la historia que quería contar, pero el viejo sabía que, algún día, Deret lo conseguiría. 

lunes, 18 de abril de 2016

Despertar

Estos pequeños relatos suceden en algún punto entra “Los Mundos Cambiantes” y “Comesueños”. Por lo tanto, pueden contener spoilers de la primera novela. 


Despertó bañada en sudor. El pulso acelerado. La respiración agitada. No pensó ni por un instante en que podría haber sido un sueño, un reflejo de sus deseos más profundos. Sabía que había ocurrido de verdad. La Sombra había vuelto al mundo, aunque había vuelto a desaparecer. Después de tantos años, después de tanta espera, al fin había ocurrido.


Se levantó de la cama, sabiendo que ya no podría volver a dormir en toda la noche. Tenía mucho en lo que pensar. Mucho que planear. Había estado esperando aquel momento durante demasiado tiempo y, ahora, lo tenía al alcance de la mano. En algún lugar de los Mundos Cambiantes, Ella había regresado. La habían escondido bien de sus ojos y hubo una época en que incluso creyó sus palabras de desaliento pero ya no. Ahora sabía qué debía hacer. 

Ojos verdes

Estos pequeños relatos suceden en algún punto entra “Los Mundos Cambiantes” y “Comesueños”. Por lo tanto, pueden contener spoilers de la primera novela. 


Aike vio el campamento desde la lejanía. Desmontó del deslizador y se quedó mirándolo desde lo alto de la duna. Aún tenía dudas. Su cuerpo, desde hacía unos días el de un hombre fornido, temblaba. No había pasado unos meses fáciles. Había vuelto a Octa para hablar con los padres de Joss sobre la muerte de su hijo. Había pasado un tiempo con los cambiaformas en el Valle de la Sombra. Pero ahora, el próximo paso en su camino le parecía el más difícil.

Había tardado lo suficiente en localizar el campamento como para echarse atrás cuando estaba tan cerca. Entró y los miembros de la tribu le miraron sin reconocerle. Entonces le vio, agachado ayudando a alguien con la chatarra. Se dio la vuelta, le miró y le sonrió.

-Buenos días, ojos verdes- le dijo Welsh.

Cualquier duda que Aike hubiese tenido se disipó en ese instante.

lunes, 11 de abril de 2016

Paciencia

Estos pequeños relatos suceden en algún punto entra “Los Mundos Cambiantes” y “Comesueños”. Por lo tanto, pueden contener spoilers de la primera novela. 


Penler Omer sabía que los Prit eran una vergüenza para la Orden. Sien había huido y había aireado los secretos de la magia del caos por todo el desierto. Había conseguido dejar en ridículo a sus maestros y, además, había conseguido su libertad al final de todo. Oser, por otro lado, había obligado a la Orden a luchar en una batalla que no era la suya, provocando la muerte de muchos de los suyos y haciendo que la organización estuviese en el punto de mira de las tribus nómadas. Y, sin embargo, los maestros veían en él una promesa, el futuro de la Orden.

Penler Omer no podía tolerarlo pero era inteligente. Sabía que la mejor forma de jugar aquella carta era la paciencia. Esperaría y, cuando fuese necesario, actuaría para destruir a ambos. Estaba convencido de que no faltaría mucho para aquel día. 

lunes, 4 de abril de 2016

Llamas

Estos pequeños relatos suceden en algún punto entra “Los Mundos Cambiantes” y “Comesueños”. Por lo tanto, pueden contener spoilers de la primera novela. 


Sien Prit miraba las llamas y recordaba. Pensaba en Oda, en Joss, en Aike. En lo que había ganado en los últimos meses y también en lo que había perdido. Y, sobre todo, en la promesa que tenía que cumplir. Miró al otro lado de la hoguera y vio que Doreba estaba también sumida en sus pensamientos. Apenas hablaban y Sien lo comprendía. Era demasiado duro pensar en el pasado, incluso cuando  este guiaba tus pasos presentes.

-Deberíamos dormir. Mañana llegaremos a Arten - dijo Dorena.

Sien asintió. Mediante su misión, mediante su promesa, Oda seguía vivo. Y Sien honraría su memoria costase lo que costase.

lunes, 28 de marzo de 2016

La cura

Estos pequeños relatos suceden en algún punto entra “Los Mundos Cambiantes” y “Comesueños”. Por lo tanto, pueden contener spoilers de la primera novela. 


-¡Debes dejar que seamos nosotros los que decidamos!- gritó Teke.

-Pero el cambio es lo que nos hace ser nosotros. Sin él, ¿qué somos?- contestó Kolle.

-Lo que queramos ser. ¡Tú mismo animaste a Aike a que encontrase su propio camino!

- No era parte de nuestra tribu entonces. Si permitimos que cualquier pueda tomar la cura y dejar de ser un cambiaformas, habrá quien se oponga. Además, creía que para ti las tradiciones y nuestro pasado eran lo más importante.

-¡Y yo creía que comprendías que el mundo está cambiando! Debes dejarnos decidir. No puedes negárnoslo.

Kolle meditó un segundo y luego miró a Aike, que observaba la situación sin abrir la boca.

-Y tú, ¿qué opinas? 

lunes, 21 de marzo de 2016

Recuerdos

Estos pequeños relatos suceden en algún punto entra “Los Mundos Cambiantes” y “Comesueños”. Por lo tanto, pueden contener spoilers de la primera novela.


Katee dejó la caja con las provisiones en la tienda y se estiró. Luego salió y dejó que Terry que ordenase lo que ella había traído. Los Kabathe estaban, últimamente, muy ocupados y no había un minuto de descanso posible. No muy lejos de allí encontró a Maura, pensativa. Hacía semanas que la veía mucho así, con la vista perdida y la cabeza en otra parte. 

-¿Ocurre algo?

-No. Solo estaba… recordando- dijo Maura.

Katee pensó en preguntarle más pero sabía que a su mujer no le gustaba compartir aspectos de su pasado. Lo comprendía, ella misma tenía cosas que prefería olvidar. Así que continuó con sus tareas esperando que, algún día, Maura se abriese a ella y a Chad y les contase qué es lo que guardaba para sí misma. 

lunes, 14 de marzo de 2016

Memorias

Estos pequeños relatos suceden en algún punto entra “Los Mundos Cambiantes” y “Comesueños”. Por lo tanto, pueden contener spoilers de la primera novela. 


-Sin él, no estaría aquí hoy- dijo Aike, esperando que los padres y hermanos de Joss comprendieran su frase en toda su magnitud.

La señora Birlang lloraba en silencio. Su marido miraba a Aike con el ceño fruncido. Su hija mayor lloraba abrazada a su hermana. Y los demás hijos sollozaban, echando ya de menos a Joss. 

-Lo siento- dijo Aike.

Nada les dijo de su transformación en los últimos meses de vida. Ni el motivo por el que su hijo se había arriesgado acompañándola en el viaje. Aquello era un secreto que guardaría para sí misma, como un tesoro. Miró a la familia Birlang y deseó, una vez más, que su amigo estuviese con ella.

-Lo siento- volvió a decir, resumiendo todo lo que sentía sobre la muerte de su mejor amigo.

No había nada más que añadir. 

jueves, 10 de marzo de 2016

Héroe

Había una vez un héroe. Era un héroe común, lleno de valentía, arrojo y altruismo, como todos los héroes habidos y por haber.  El héroe mantenía a todos a salvo, protegiendo su mundo de los peligros recurrentes a los que se enfrentaba. No siempre era fácil y algunas veces perdía algo (un amigo, una batalla, un amor) pero finalmente se sobreponía y vencía, devolviendo todo a la normalidad. Después de mil heroicidades, un Gran Mal surgió en el mundo. La oscuridad envolvió el mundo y sus habitantes se impregnaron de sus sombras. La normalidad se alteró y se transformó y las cosas dejaron de ser como eran. El Status Quo, que reinaba el mundo, llamó al héroe y este no se lo pensó dos veces y corrió a derrotar a ese Gran Mal.
El camino estuvo lleno de trampas y adversidades que el héroe resolvió sin mucho esfuerzo. Y, finalmente, tuvo cara a cara al gran mal. Cogió su arma (que podía ser un arma metafórica, puesto que muchos héroes no tienen espadas o pistolas) y se dispuso a acabar con la oscuridad que había surgido de la nada. Solo que el Gran Mal, en lugar de luchar, le propuso una charla. El héroe a punto estuvo de oponerse pero, al final y al cabo, no tenía nada que perder.
El Gran Mal le preguntó qué motivos tenía para acabar con él. El héroe respondió que debía derrotar al mal, tal y como hacen los héroes una y otra vez. “¿Por qué?”, preguntó el Gran Mal. “Para devolver las cosas a la normalidad”, respondió el héroe. El gran mal sonrió y movió la cabeza (que podía ser una cabeza metafórica, porque el gran mal podía ser algo que no tuviese forma humana). El Gran Mal preguntó al héroe que era lo que quería que no cambiase. ¿Eran las injusticias a las que se veían sometidos los habitantes del mundo a manos de los poderosos? ¿Las dificultades a las que debían someterse aquellos que eran diferentes y no encajaban en las definiciones de normalidad? ¿O quería mantener costumbres y hábitos dañinos para el propio mundo? El héroe no acabó de entender lo que le decía. Él era un héroe y los héroes acababan con los Grandes Males del mundo. El Gran Mal rió con ganas. “Es posible”, concedió, “pero puede que debieras centrarte en los pequeños males antes”.  El Gran Mal pasó a contar entonces la historia de su origen, en la que en un principio no había sido un Gran Mal si no, simplemente, una pregunta. O quizás un pequeño cambio. Una propuesta. Pero el Status Quo, que gobernaba el mundo, reaccionó violentamente contra ese pequeño y débil cambio y él fue haciéndose más fuerte. Ganando seguridad en sí mismo. Y, cuando el Status Quo no pudo negarlo ni convertirlo en un chiste, utilizó el último arma que le quedaba: definirlo como Gran Mal. Así, de esa forma, los héroes del mundo no tardarían en llegar e intentar acabar con él.
El héroe empezó a entender lo que el Gran Mal intentaba explicarle. Pero las definiciones pesaban más que las conversaciones y, al igual que el Gran Mal seguía siendo un Gran Mal pese a que hubiese empezado siendo otra cosa, él seguía siendo un héroe. Y tenía un trabajo que hacer. Así que cercenó la cabeza del Gran Mal y la oscuridad desapareció del mundo una vez más. La normalidad se restableció y las gentes volvieron a ser desgraciadas por los motivos adecuados. Y el Status Quo volvió a reinar.

Pero las sombras se habían instalado dentro del propio héroe. Un pequeño cambio había convertido el corazón del héroe en su hogar y, quién sabe, puede que en el futuro ese pequeño ser crecería para convertirse en un Gran Cambio, que gobernaría los corazones de las gentes y derrocaría al Status Quo de su lugar de poder. Solo el tiempo decidiría si esa historia sería contada o no.  

lunes, 7 de marzo de 2016

Suerte

Estos pequeños relatos suceden en algún punto entra “Los Mundos Cambiantes” y “Comesueños”. Por lo tanto, pueden contener spoilers de la primera novela. 


Tep, el bandido, no se sentía afortunado. Desde que había entrado en la banda de Thoran sentía que arriesgaba su vida más veces de las que hubiese deseado. Hacía no mucho había sobrevivido a la fuga de unos prisioneros, una tormenta de arena y al ataque de un morador, todo el mismo día. Pero Thoran, en lugar de admirar su suerte, le había culpado de todo lo que había salido mal. Y, ahora, le mandaba en busca de provisiones a lo largo y ancho del desierto. Un desierto plagado de otros bandidos, lobos y demás criaturas.

-Mira, hemos tenido suerte- dijo Remis, su compañero, señalando un pequeño asentamiento- Seguro que encontramos algo allí.

De alguna forma, y aunque sabía que no tenía elección, Tep se imaginó que se avecinaban problemas. Suspiró y se dirigió hacía el campamento junto a Remis. Que fuese lo que Dolma quisiera.  

lunes, 29 de febrero de 2016

Octa

Estos pequeños relatos suceden en algún punto entra “Los Mundos Cambiantes” y “Comesueños”. Por lo tanto, pueden contener spoilers de la primera novela. 


Aike recorrió el tercer nivel de la ciudad, dejando que las memorias la inundaran. No hacía tanto tiempo que se había marchado pero parecía una eternidad. Tal y como esperaba, nadie la reconoció. Llevaba un par de días siendo una mujer alta y morena y, aunque llevaba su collar, ni siquiera sus vecinos la miraron dos veces y la descubrieron tras sus ojos verdes. Habían convivido muchos años con una cambiaformas pero, en cuanto se hubo marchado, habían olvidado que existía gente tan diferente a ellos en el mundo. Se habían vuelto a adaptar a sus rutinas, a sus vidas sin Sombras, tribus en guerra y magias.

Aike llegó a su destino y se detuvo ante la puerta. Allí residía la familia de Joss, aún ignorantes del destino de su hijo. Aike les envidió y a punto estuvo de dejarles vivir sin la verdad. Pero supo que no era justo y, haciendo acopio de valor, llamó a la puerta y esperó a que le contestaran.

lunes, 22 de febrero de 2016

Bajo la arena

Estos pequeños relatos suceden en algún punto entra “Los Mundos Cambiantes” y “Comesueños”. Por lo tanto, pueden contener spoilers de la primera novela.


Carter miraba por la ventana del salón de su casa de forma distraída. Habían sido unos meses difíciles en Batón. Después de las revueltas y de la marcha de un tercio de su población, la ciudad sumergida había sufrido y ahora trataba de recuperarse. Igual que sus ciudadanos. Igual que él mismo.

-Chad estará bien- dijo Isar, su mujer. La misma frase que usaba cada vez que le veía perdido en sus pensamientos.

-¿Alguna vez piensas en la superficie? ¿En lo que está sucediendo fuera de Batón?

-Continuamente- admitió su esposa.

Ella se marchó y le dejó con sus pensamientos, sus remordimientos y sus dudas. Al cabo de un rato se repuso. Después de todo era el Alcalde y tenía trabajo que hacer. 

domingo, 9 de agosto de 2015

Se ha quedado buena tarde

-Aquí, Encarna.

Encarna se cambia el bolso de mano, saluda al grupo sentado en la mesa y se dirige hacia él. Se sienta con las demás mujeres, todas de su misma edad. Pili lleva una chaquetilla sobre los hombros, pese a estar en pleno Agosto, para evitar el frío del aire acondicionado. María, a su lado, se abanica con vigor con una revista del corazón. Anita sonríe a Encarna, mirándola por encima de sus gafas. Antes incluso dejar el bolso en la mesa y sentarse, el camarero acude rápido a tomar nota a una de sus clientas habituales.

-Un café con leche de soja, descafeinado y con sacarina. Y bien caliente.

-Uh, caliente dice, con el calor que hace- dice María, abanicándose aún más fuerte si cabe.

-Di que sí, que el café frío no vale para nada- responde Anita.

-Pues mi Andrea se lo toma siempre con hielo, incluso en invierno- María no quiere dar su brazo a torcer.

-Bah, eso es todo agua.

-Gracias joven- dice Encarna cuando el camarero le trae el café. Ya tiene el dinero preparado, que le tiende con un gesto.

El grupo de mujer observa pacientemente a que el camarero se aleje. Luego se miran las unas a las otras. La revista chocando contra el busto generoso de María es el único sonido que emiten.

-Bueno, ¿y entonces cómo ha ido?- pregunta finalmente Pili, casi susurrando.

Encarna rebusca en su bolso y saca una carpetita. La deja encima de la mesa. Las otras mujeres la miran con atención. Luego vuelven a mirar a su amiga, esperando, atentas. Encarna hace un gesto para que las demás abran la carpeta pero ninguna hace nada. Esperan a que ella hable.

-Ya está, se acabó.

-Ay, hija mía, como te gusta hacernos sufrir- dice María, más acalorada aún- Ya pensaba que había pasado algo y…

-Shhh, calla, mujer- le recrimina Pili.

-Si no se entera nadie…

-No se entera nadie hasta que alguien se ha enterado- dice Anita y María calla, a sabiendas de que tiene razón- ¿Te ha visto alguien?

-Que va. Lo hice como hablamos. Le pedí que me ayudara a subir la compra y, cuando estábamos en el piso, ¡pam!

-Pero con el cacharro ese en la pistola, ¿no? – pregunta María.

-Mujer, ¡te quieres callar de una vez! – Pili está perdiendo la paciencia. Mira a su alrededor, segura de que alguien las ha escuchado.

-Sí, sí, con el silenciador ese puesto. No sabía cómo quitárselo y se lo dejé puesto desde el principio.

-¿Y cuánto te han dado?

-Pilarica, hija mía, habla más fuerte que no te escuchamos ni nosotras- dice Anita. Mira a Encarna y suspira. Entre Pili y María la están sacando de sus casillas.

-Que cuánto te han dado.

-Está en la carpeta. Abridlo, abridlo.

Las tres mujeres se miran y, al final, es María quien deja la revista con la que se abanicaba en la mesa y se abalanza hacía la carpeta. La abre, aparta los documentos que hay y coge un sobre. Mira en su interior y en su boca se forma una mueca de sorpresa.

-¡UHHHHHHH!- grita.

-Virgen santísima- dice Pili, santiguándose.

-Si ya os lo dije yo, que nos podíamos ganar unas buenas perras- recuerda Anita.

-De momento la que se ha ganado las perras he sido yo. Que anda que no me ha costado mover el mamotreto y limpiar todo…

-Oye, que yo te he dejado el piso de mi Antonio- dice María.

-Y yo compré la pistola- añade Pili, volviendo a los susurros.

-La compró Vicente- corrige Anita.

-Tanto monta…

-Lo habrás dejado limpio- dice María, desconfiada. Ha vuelto a coger la revista y continúa abanicándose.

-¿La pistola?- pregunta Encarna.

-Shhhh- Pili está tan nerviosa que se ha quitado la chaquetita. Rebusca en su bolso, saca un abanico y se une a María.

-Mujer, el piso.

-Hombre, claro. Tengo las muñecas, ay, como tengo las muñecas.

-Si es que ya os dije yo que un veneno es mucho mejor- dice Anita.

-Tú no estás contenta nunca. Pues cuando te toque a ti ya lo haces como te dé la gana.

-Anda, Encarna, no seas así- dice Pili, temiendo que sus amigas empiecen una nueva pelea.

-Yo solo digo que todas somos nuevas en esto y que nadie es la experta, ¿no?

-Lo que tenemos que hacer es ser listas y que no nos pillen- dice María.

-Hablando de eso, ¿con el muerto que has hecho?

-Pues lo que hablamos, ¿no? A trocitos y para el carro. De momento en el congelador lo tengo, a ver si se nos ocurre algo porque un día me voy a equivocar y al guiso se lo voy a echar.

-Madre del amor hermoso- Pili, escandalizada por las palabras de Encarna, deja el abanico y se vuelve a santiguar.

-Buenas tardes, guapas, ¿Qué tal?

Un hombre se acerca al grupo de mujeres, que no pueden evitar pegar un pequeño brinco. Es el dueño del bar, que las conoce desde hace años. Las mujeres le sonríen y le desean las buenas tardes, esperando que se marche cuanto antes.

-Calor eh.

-Uy, ni que lo digas- dice Anita, mirando de reojo a Encarna.

-Esta mañana ni con el aguacero que ha caído ha refrescado el ambiente.

-Bueno, ahora parece que se ha quedado buena tarde- dice Encarna.

-¿Queréis que suba el aire acondicionado? Que veo que estáis acaloradas.

-Uy, no, que luego me sienta mal al cuello- dice Pili, saliendo del estado de shock.

-Deja, deja, que ya no es el calor de fuera si no el calor de la “menopasia” – dice María, arrancando la risa del dueño.

Finalmente, el hombre se aleja y las deja solas. Las cuatro se miran y esperan unos segundos para volver a hablar.

-Pues habrá que decirle que lo hemos hecho- susurra Pili.

-A ver, déjame, que tenía aquí el “wasap”…- dice María,  mirando el móvil- Ay, de verdad, yo con las maquinitas estas no me aclaro.

-Déjame, mujer- dice Anita, mirando de lejos, pese a que llevas las gafas puestas- Aquí está. “Jefe”.
-¿Le has puesto jefe en el móvil?- pregunta Encarna.

-Es el que nos paga, ¿no?

María empieza a escribir con un dedo hasta que Anita se pone nerviosa y le arrebata el teléfono de las manos.

-Dame el teléfono ahora mismo.

-Calla, que voy más rápida.

-¡Callaros las dos! ¡Nos van a oír!- vuelve a insistir Pili.

Finalmente Anita acaba de escribir y le devuelve el teléfono a María. María lo recoge de un manotazo y mira la pantalla al ver que ya le han respondido.

-Dice que vayamos todas al lugar acortado.

-Acordado- dice Anita.

-Lo que sea.

-Bueno, pues yo ya os veo allí, que ahora tengo que recoger a mis nietos. Anda, id con Dios.

Encarna se levanta y se aleja de la mesa de sus amigas. Al marcharse se despide con una mano del camarero y del dueño, que están en la barra. Sale a la calle y comprueba que sí, que se ha quedado una buena tarde. 

jueves, 27 de noviembre de 2014

Adaptación, una historia de Los Mundos Cambiantes

Welsh tenía 2 años cuando perdió a sus padres. Vivían en el desierto, en una tribu pequeña pero bien avenida. Se ayudaban unos a otros a superar los obstáculos que los Mundos Cambiantes ponía ante ellos. Pero, una noche, unos lobos rabiosos y hambrientos entraron en el campamento y, antes de que pudiesen hacer nada, mataron a  7 personas, entre ellas a la madre de Welsh. Su padre fue herido y resistió un par de días más pero había sido contagiado de rabia y los más ancianos decidieron acabar con su sufrimiento antes de que empeorara. Welsh, sin otra cosa que pudiese hacer, se adaptó.

Poco a poco, la tribu, pequeña y sin posibilidad de crecer con nuevos miembros debido a las rígidas normas de pertenencia que los más mayores imponían, fue debilitándose. Meses después, una tormenta de arena que duró días hizo que perdieran el poco ganado que tenían y que les proporcionaba comida diaria. El hambre que pasaron en las semanas posteriores diezmó la población de la tribu. Welsh fue uno de los supervivientes y el único con la capacidad y la salud para liderar al resto, para llevarles a la salvación. Welsh se adaptó.

Trabajó duro para llevar a su tribu a una zona del desierto donde estuviesen a salvo. Buscó comida, intercambió lo poco que tenían con otras tribus y, de una forma y otra, consiguió que sobreviviesen. Cuando estuvieron a salvo, Welsh supo que tenía que realizar cambios. Modificó las normas de pertenencia y permitió que todo aquel que quisiese pudiese unirse a ellos como uno más. Sin preguntas, sin explicaciones de ningún tipo. Quien quisiese quedarse solo tendría que trabajar como uno más. Welsh no solo se adaptó, si no que hizo que su tribu también lo hiciese.

Welsh no quería denominarse líder, hablaba de comunidad y no de tribu y las decisiones las tomaban de la forma más democrática posible. Pese a ello, todos acudían a él cuando había problemas y él trataba de ser lo más justo posible. La comunidad creció y se hizo más fuerte. Recogían chatarra y objetos raros a lo largo del desierto para luego venderlos a comerciantes por comida. Más adelante, incluso consiguieron un grupo de Ontes, pequeñas criaturas que les proporcionaban huevos frescos cada mañana. Descubrió que podían vivir, no solamente sobrevivir, y Welsh se relajó y se permitió disfrutar más de los pequeños placeres que se encontraba día a día.

Pero los buenos tiempos tienen su reverso y, un día, los esclavistas se acercaron a la tribu de Welsh con intención de conseguir mercancía de forma rápida. Buscaban hombres y mujeres fuertes y bien alimentados y allí los iban a encontrar. Además, todos sabían que la comunidad no tenía armas y que, por lo tanto, estaban indefensos. Aquel día Welsh sufrió un duro reverso. Más de 20 personas fueron capturadas y un par murieron intentando proteger a los suyos. Destrozado, se refugió en su tienda, pensativo. Aquella noche decidió que no iba a dejar que aquello sucediera. No iba a superar la perdida de los suyos y, simplemente, esperar a lo que viniese después. Welsh consultó con su comunidad y esta le apoyó. Con la chatarra que habían recogido durante las semanas anteriores, construyeron armas y, siguiendo el rastro confuso en la arena, buscaron la caravana de esclavistas.
Tuvieron suerte. No les esperaban y no eran demasiados. Los esclavistas cayeron y sus prisioneros fueron liberados. Muchos de ellos, a los que no conocían de antes, se unieron a su comunidad. Volvieron al campamento y lo recogieron a toda prisa para evitar que volvieran a por ellos. Huyeron y se establecieron en otro lugar. A partir de entonces, y pese a que Welsh no creía en la violencia y mantuvo siempre una actitud de inclusión y no beligerante, tuvieron sus armas listas para proteger al grupo de hombres o bestias que quisieran hacerles daño.

Cada noche, aquellos que querían contaban sus historias, dándose a conocer y arrojando luz sobre su pasado. En una de esas sesiones, llegó a ellos una joven, perdida y asustada. Más adelante contaría también su historia al calor de la hoguera, pero no aquella noche. Quiso la Diosa Dolma que Welsh se enamorara de la mujer y que ella también se interesase por él. Y cuando la recién llegada admitió que prefería mantener una relación abierta, Welsh, una vez más, se adaptó. Aunque tenía que admitir que esta vez no le costó tanto como las veces anteriores.


Poco podía imaginar Welsh que sus decisiones le llevarían, en un momento dado, a dar refugio a un grupo extraño en el que se incluía a un científico que había visto mejores momentos, una joven monje del caos y dos habitantes de Octa. Sin saberlo, su encuentro con ellos iba a cambiar de nuevo su vida. Welsh no tendría más remedio que volver a adaptarse, una vez más.